Abro los ojos y percibo el movimiento de una aguja avanzando por la esfera de un despertador. Otra vez me despertó la claridad del día, son las once y cuarto de la mañana y he vuelto a apagar la alarma de las nueve y media.
La cama está completamente deshecha y me enseña que he tenido sueños revueltos. ¿que soñé? nunca me acuerdo...
Son las once y veinte, aun no me he movido... ¿a que espero? supongo que ha tener ganas de vivir un nuevo día y disfrutar de él.
No hay café, hay que hacerlo y eso lleva tiempo. Me fumaré un cigarro mientras espero... son las once y treinta y cinco.
Me siento a leer un rato en el salón un libro que me dejó Daniella "El niño que jugaba con almas" dice que antes de morir un niño te quita el alma juega con ella y después cuando se aburre la devuelve a otra persona que va a nacer... No es mi estilo pero está bien.
Son las once y cuarenta y siete minutos y ya no hubo más tiempo después, solo una luz blanca.
Sara vivía con Daniella y veintidos horas y catorce minutos después leía el periódico mientras desayunaba infusión y pastas cuando sus ojeras y cara hinchada de recién levantada se tornaron en una mueca de impresión después de incredulidad y veintitres segundos más tarde dió paso al llanto.
Y Daniella tardó lo que se tarda en leer esta frase en levantarse y preguntarle que ocurría. No contestó, pero nueve segundos más tarde Daniella leyó en el periódico el motivo de sus lágrimas.
Una explosión de gas le había quitado a su pareja, Javier.
El funeral fue 33 horas después de que Javier abriese los ojos esa mañana y exactamente un año un mes y un día de que el cura pronunciase la palabra Amén, conocía a Daniella en una fiesta en la playa.
Ella iba con Marcos, el anterior novio de Sara, a pedir una cerveza y Javier se la acercó he hizo un buen chiste. En esos momentos Sara cerraba los ojos para notar la brisa de la plaza más profundamente...
Y así pasó el día, los cuatro hablaron y rieron y mientras entre Javier y Daniella surgía el fuego de la juventud; el gélido frío de la rutina hacía su presencia entre Sara y Marcos. Ese día cumplían tres años, seis meses y veintinueve días.
Entre el chiste de Javier y el primer beso que se dió con Daniella pasaron seis cervezas por sus gargantas, ciento doce entre toda la gente de la playa, diezmil setecientas catorce entre todos los bares de la ciudad y cuatrocientastreintatresmil cientocatorce en todo el país... pero solo una era la primera cerveza que bebía alguien en toda su vida. Ese alguien es Alzar, un emigrante que dos meses y tres días después de corromper su fé islámica con aquella cerveza comenzó a trabajar con Manuel.
Alzar avisó setenta y tres horas y diez minutos antes de la explosión a Manuel de que la caldera del piso de Javier había que cambiarla, y Manuel aparcó delante del portal de Javier veinticinco horas y seis minutos antes de la tragedia pero se fue. La causa una llamada de dos minutos y tres segundos que le comunicaba que iba a ser padre.
Una hora y media después de esa llamada Sara cogía por primera vez un niño recién nacido en sus prácticas de medicina y le miró a los ojos... "se parecían a los de Javier" pensó. Cinco minutos y un segundo mas tarde le daba el niñó a María, su madre la mujer de Manuel.
Abro los ojos, bueno eso creo no se si los tengo abiertos. Hace calor y estoy completamente mojado. Recuerdo una luz blanca pero no se cuando y luego un niño jugando conmigo pero tampoco se decir cuando.
A los diez segundos vuelvo a ver la luz en una brecha delante mía. Tengo los ojos cerrados por que intuyo la luz en mis párpados no es que la vea.
Catorce minutos después mi cabeza empieza a ir hacia la luz y seis minutos más tarde sale por la brecha. Luego el cuello y el cuerpo y finalmente las piernas.
Me agarran con cuidado y oigo muchas voces... noto un golpe en el trasero y empiezo a llorar de lo que me duele.
Los recuerdos posteriores son difusos, estoy en los brazos de alguien y entonces abro los ojos... "Te conozco eres Sara" intenté decir pero no pude y un segundo más tarde ya no me acordaba de nada. Bueno, si una cosa más; una voz de un hombre decía:
"Sara anota: Hora de nacimiento: once y cuarenta y siete"
Nuevo pero viejo, diferente pero manteniendo la costumbre, realista y de ficción emocional pero sin imponer la razón
jueves, 29 de julio de 2010
lunes, 28 de junio de 2010
Resumen
Lo que aprendí: La cuarta pared
Sobre las tablas, en la piel de alguien que no eres tú, con el corazón latiendo a mil por hora y las manos sudorosas derepente llega la tranquilidad.
Ese espacio vacío al que nunca le debes dar la espalda, la cuarta pared, se llena. Te olvidas de todo lo que hay ahí delante, de todo lo que eres y de todo lo que ocurre fuera de esas tablas que pisas. Te olvidas de lamentos, de preocupaciones, te olvidas de todo lo que no tenga que ver con tu papel.
Sientes seguridad en ti mismo, sientes orgullo por lo que haces, nadie puede quitarte ese momento.
Esa cuarta pared no solo existe en el escenario, si no en la vida misma la tenemos todos, para algunos es una delgada sábana blanca que a veces se levanta con el viento, para otros son las murallas de Constantinopla.
Ese espacio vacío al que nunca le debes dar la espalda, la cuarta pared, se llena. Te olvidas de todo lo que hay ahí delante, de todo lo que eres y de todo lo que ocurre fuera de esas tablas que pisas. Te olvidas de lamentos, de preocupaciones, te olvidas de todo lo que no tenga que ver con tu papel.
Sientes seguridad en ti mismo, sientes orgullo por lo que haces, nadie puede quitarte ese momento.
Esa cuarta pared no solo existe en el escenario, si no en la vida misma la tenemos todos, para algunos es una delgada sábana blanca que a veces se levanta con el viento, para otros son las murallas de Constantinopla.
Una despedida sin tiempo fijo: Nuestra canción...
Lo que viene ahora: ....
Y es que cuando el otro medio de cada uno aprende a leer en el alma, se da cuenta del miedo que tenía.
Puede que pareciese saber más de lo que realmente sabía, puede que pareciese ser más capaz de lo que era, puede que intentase ser más social de lo que es, pero el se equivoca como cualquiera.
Aunque algunos errores no son los que parecen y otros que no lo parecen lo son, son errores al final...
¿Y que hacer cuando la solución se parece tanto a la huida del problema? ¿Que camino coger? ¿que camino dejar?....
Puede que pareciese saber más de lo que realmente sabía, puede que pareciese ser más capaz de lo que era, puede que intentase ser más social de lo que es, pero el se equivoca como cualquiera.
Aunque algunos errores no son los que parecen y otros que no lo parecen lo son, son errores al final...
¿Y que hacer cuando la solución se parece tanto a la huida del problema? ¿Que camino coger? ¿que camino dejar?....
sábado, 26 de junio de 2010
Días como hoy...
Acabo de tener una serie de pequeñas experiencias que pretendo unir en un conglomerado sólido y constructivo que pretendo reflejar aquí, es para mi para quien le interese y para quien lo necesite. Se que no soy nadie para dar consejos pero esto no es un consejo, solo son palabras que escribo para mi y que dejo que leaís.
Este blog nació hace casi dos años y la primera entrada de presentación habla de la constancia que creía que iba a necesitar para mantener esto a flote, constancia que creía no tener.
Me sorprendo ahora que he convertido un medio accesible a todo el mundo en mi refugio personal y por tanto induzco que llegué a conseguir tener la constancia que pretendía. Eso me alegra.
Esta es la primera pequeña experiencia, leer la primera entrada del blog.
De golpe me he dado cuenta de una cosa, algo importante que ya sabía y que ahora veo mejor. Las personas quieren más que odian, solo así puedo explicarme ciertas cosas, y las malas acciones tienen su esencia en el miedo. Cosas como la ira, el rencor, la envida nacen de un miedo interno. Sentimos celos por miedo a la pérdida, sentimos ira por miedo a la frustración, sentimos miedo por miedo a no sentir nada...
Somos humanos y el miedo es humano. Todos lo tenemos y por ello no podemos culparnos de ello.
Y entonces, cuando en determinados momentos superas esos temores y eres valiente sale a la luz que quieres más que odias.
El ser humano es un ser con miedo y por ello cada uno debe luchar a superar sus temores. me gustó recordar esto...
.... después de una conversación facebookiana con una amiga.
Escribo por que me ayuda a ordenar mis ideas, escribo por que siento que puedo expresar lo que no podría hacer de otra manera y por que de repente puedo parar y pensar la siguiente palabra con detenimiento y transmitir exactamente lo que quiero transmitir, cosa que no alcanzo a hacer en una conversación tan asiduamente.
Publico por egocentrismo, por que me gusta que me lean eso es cierto, no lo puedo negar, pero sobretodo publico por que espero transmitir algo a la gente que me leen: sentirse identificado, soltar alguna emoción al aire, soñar con algo remoto, hacer funcionar la parte crítica de las personas,reír... Eso es lo que busco, transmitir, hacerme entender, aportar un poco de mi cada uno y que ese uno lo use como más le parezca. Busco hacer sentir a las personas y sin un porqué claro. Lo busco con la palabra porque no se hacerlo de otra forma.
Y ahora puedo explicar que siento cuando veo un comentario, cuando veo que se acumulan las evaluaciones de los escritos, las buenas y las malas, cuando leo algo pasado que me transmite algo nuevo... me siento feliz. Y no es solo por el hecho de ser leído, si no por la creencia de haber transmitido.
Y aquí llegué despues de escuchar a un hombre muerto...
Este blog nació hace casi dos años y la primera entrada de presentación habla de la constancia que creía que iba a necesitar para mantener esto a flote, constancia que creía no tener.
Me sorprendo ahora que he convertido un medio accesible a todo el mundo en mi refugio personal y por tanto induzco que llegué a conseguir tener la constancia que pretendía. Eso me alegra.
Esta es la primera pequeña experiencia, leer la primera entrada del blog.
De golpe me he dado cuenta de una cosa, algo importante que ya sabía y que ahora veo mejor. Las personas quieren más que odian, solo así puedo explicarme ciertas cosas, y las malas acciones tienen su esencia en el miedo. Cosas como la ira, el rencor, la envida nacen de un miedo interno. Sentimos celos por miedo a la pérdida, sentimos ira por miedo a la frustración, sentimos miedo por miedo a no sentir nada...
Somos humanos y el miedo es humano. Todos lo tenemos y por ello no podemos culparnos de ello.
Y entonces, cuando en determinados momentos superas esos temores y eres valiente sale a la luz que quieres más que odias.
El ser humano es un ser con miedo y por ello cada uno debe luchar a superar sus temores. me gustó recordar esto...
.... después de una conversación facebookiana con una amiga.
Escribo por que me ayuda a ordenar mis ideas, escribo por que siento que puedo expresar lo que no podría hacer de otra manera y por que de repente puedo parar y pensar la siguiente palabra con detenimiento y transmitir exactamente lo que quiero transmitir, cosa que no alcanzo a hacer en una conversación tan asiduamente.
Publico por egocentrismo, por que me gusta que me lean eso es cierto, no lo puedo negar, pero sobretodo publico por que espero transmitir algo a la gente que me leen: sentirse identificado, soltar alguna emoción al aire, soñar con algo remoto, hacer funcionar la parte crítica de las personas,reír... Eso es lo que busco, transmitir, hacerme entender, aportar un poco de mi cada uno y que ese uno lo use como más le parezca. Busco hacer sentir a las personas y sin un porqué claro. Lo busco con la palabra porque no se hacerlo de otra forma.
Y ahora puedo explicar que siento cuando veo un comentario, cuando veo que se acumulan las evaluaciones de los escritos, las buenas y las malas, cuando leo algo pasado que me transmite algo nuevo... me siento feliz. Y no es solo por el hecho de ser leído, si no por la creencia de haber transmitido.
Y aquí llegué despues de escuchar a un hombre muerto...
domingo, 20 de junio de 2010
El Vórtice
La soberbia se encontró con la humildad
la ira con el sosiego, la guerra con paz.
Tiempos oscuros generados por mi vórtice
dan paso al desolado paisaje de la verdad.
Gran parte de las partes de mi esencia
nació en el seno de una poderosa locura,
que inundó mi ser y mi alma de rutinas
cuando mi soleada vida quedo en penumbras.
Supongo que busque incansable mi destrucción,
pero cuando mi caja piensa con frialdad
veo que mi acusación más realista
es aquella producida por mi simple vanidad.
El presente es un pasado campo de batalla
asolado por las mentiras, las iras, el orgullo...
Jamás pequé de lo último hasta el momento
que solo me quedo eso, que solo me sentí viejo.
Siempre dividí la felicidad en cuatro:
uno, ser peón o rey en lo social; Dos,
de donde vienes y eres, tres adonde vas
y cuatro, tambien importante, sentir amor.
Y cuando todos caen de golpe al vacío
siento la desidia y tambien el olvido.
Y cuando a todos los dejo morir
pierdo toda gana y fuerza por sentir.
¡Y elocubro con paranoicos designios!
¡Siento derrumbarse el muro y la ciudad!
Deseo con fuerzas escapar del vórtice
que un día abrí, que no se cerrar.
la ira con el sosiego, la guerra con paz.
Tiempos oscuros generados por mi vórtice
dan paso al desolado paisaje de la verdad.
Gran parte de las partes de mi esencia
nació en el seno de una poderosa locura,
que inundó mi ser y mi alma de rutinas
cuando mi soleada vida quedo en penumbras.
Supongo que busque incansable mi destrucción,
pero cuando mi caja piensa con frialdad
veo que mi acusación más realista
es aquella producida por mi simple vanidad.
El presente es un pasado campo de batalla
asolado por las mentiras, las iras, el orgullo...
Jamás pequé de lo último hasta el momento
que solo me quedo eso, que solo me sentí viejo.
Siempre dividí la felicidad en cuatro:
uno, ser peón o rey en lo social; Dos,
de donde vienes y eres, tres adonde vas
y cuatro, tambien importante, sentir amor.
Y cuando todos caen de golpe al vacío
siento la desidia y tambien el olvido.
Y cuando a todos los dejo morir
pierdo toda gana y fuerza por sentir.
¡Y elocubro con paranoicos designios!
¡Siento derrumbarse el muro y la ciudad!
Deseo con fuerzas escapar del vórtice
que un día abrí, que no se cerrar.
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